“Volvamos
al Día de Andalucía del año 77,
y
completemos lo inacabado.
Salgamos
de nuevo a las calles
de
nuestra tierra para gritar
lo
que no pudo salir de tu garganta:
“Que
somos un pueblo que respira libertad”
Antonio Banderas.
Fragmento del
discurso
con motivo del
nombramiento
de Hijo Predilecto
de Andalucía
No
es una condena impuesta por un juez a ningún acusado por un delito
de corrupción o de blanqueo de capitales. Tampoco es la pena a la
que serán condenados los que con su irresponsabilidad han causado
esta crisis financiera que estamos sufriendo, y pagando todos. Ni
siquiera los dos meses y 24 días se refieren al tiempo que pasarán
en la cárcel aquellos que han acumulado millones de euros en una
cuenta en Suiza.
No,
ni mucho menos. Este tiempo es el que tuvo que transcurrir para que
la memoria de un joven malagueño, Manuel José García Caparrós,
asesinado durante la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en
Málaga, fuese reconocida oficial y solemnemente por el Gobierno de
la Junta de Andalucía. Hemos tenido que esperar que un gobierno en
el que participa Izquierda Unida haya impulsado un reconocimiento que
salda una deuda que tenía Andalucía con su historia y con este
joven.
Durante
más de treinta y cinco años, la memoria de Caparrós ha
permanecido viva en el corazón de muchos malagueños y andaluces que
son conscientes de que la memoria oficial va por un lado y la
verdadera memoria histórica, por otro. Caparrós es uno de los
muchos casos sobre los que se han echado demasiadas capas de olvido
en aras de no sabemos qué reconciliación.
Este
joven malagueño, trabajador en una fábrica de cervezas y militante
del PCE y CCOO cometió el gravísimo delito de salir aquel día a
reivindicar junto a otros 200.000 malagueños el derecho que tenía
el pueblo andaluz a decidir su futuro. Un futuro que pasaba por
instaurar un sistema plenamente democrático y un estatuto de
autonomía que reconociera nuestra identidad histórica.
Sin
embargo, ese ansia de libertad chocó con lo más cerril de la
derecha malagueña. Chocó con el empecinamiento de quienes no
estaban dispuestos a perder el poder que habían ejercido durante
décadas. Personas que arropadas por algunos sectores del poder
pretendían condenar a nuestro pueblo a más años de dictadura y de
imposición. Una Málaga que, como definió el periodista Juan de
Dios Mellado se había convertido en: “refugio y solaz de
quienes hicieron enormes fortunas a la sombra del franquismo” y
que la noche anterior habían caldeado suficientemente el ambiente
con la acción de grupos como FAE (Frente Anticomunista Español) los
Guerrilleros de Cristo Rey y Fuerza Nueva. Una Málaga, cuya
Diputación Provincial estaba presidida por Francisco Cabeza, que
llegó al poder gracias a la influencia de personajes del régimen
como Girón de Velasco y Utrera Molina (quizá les suene porque de
nuevo su pasado franquista está siendo investigado no en España
sino en Argentina y por los vínculos familiares con el anterior
ministro Gallardón)
García
Caparrós cometió el delito de participar en esa manifestación que
se dividió en dos tras una carga feroz de la Policía Armada. Comete
el delito de huir de los golpes, botes de humo y disparos que se
hicieron junto al Puente de Tetuán. Y allí cayó muerto. Allí
cayeron las ilusiones de un joven que luchaba por mejorar su vida y
la de su pueblo. En aquella esquina se rompieron los sueños
que eran los sueños de millones de andaluces que, después de vivir
décadas de dictadura, soñaban con una Andalucía libre.
El
crimen quedó impune. La investigación judicial fue tan precaria y
tan interesada en ocultar la verdad de lo ocurrido que, seguramente,
jamás se podrá saber lo que realmente sucedió aquel día. La
justicia, como en tantos otros casos, cubrirá con el olvido y la
impunidad un crimen más que añadir a esa historia infame.
Durante
todos estos años se ha intentando, sin éxito, reconocer una y otra
vez, la memoria de este joven. Sólo algunos, junto a su familia, han
procurado mantenerla viva por encima de cualquier cosa, por encima
de los herederos de aquella extrema derecha que ha vilipendiado su
recuerdo. Molesta esa placa en aquella esquina y así lo han
demostrado los nostálgicos del franquismo, los hijos y nietos de
aquellos que en esos días sembraron el terror en las calles de la
ciudad. Molesta porque es el recuerdo y el testimonio de quien
representa una lucha que, pese al paso del tiempo y la apatía de la
sociedad actual, sigue viva y más necesaria que nunca. Muchos dirán
hoy que no es tiempo de reabrir heridas, que es tiempo de olvidar y
mirar hacia el futuro. Sin embargo, es más preciso que nunca mirar
hacia atrás para reconocer, ahora que de nuevo nos la estamos
jugando, la memoria de Caparrós.
Hace
algunos años una copla de carnaval retrató aquellos días, y le
rindió homenaje. Lo que no consiguieron ni algunos libros que se
escribieron, ni los artículos de prensa lo consiguieron estos versos
que de forma clara recuerdan aquel 4 de diciembre, fecha que debería
haber sido, el auténtico Día de Andalucía.
Era
un cuatro de diciembre
cuando tomamos la calle
era un cuatro de diciembre
cuando dijimos que verde
y blanca era nuestra sangre.
cuando tomamos la calle
era un cuatro de diciembre
cuando dijimos que verde
y blanca era nuestra sangre.
Andaluces
levantaos
desde el trigo hasta la mar
un cuatro de diciembre
luchamos por nuestra gente
España y la humanidad.
desde el trigo hasta la mar
un cuatro de diciembre
luchamos por nuestra gente
España y la humanidad.
Días
de guerra, de fascistas en la acera
rezando a su dictador,
tarde de espanto,
rezando a su dictador,
tarde de espanto,
Málaga
entera llorando
mataron a Caparrós, Caparrós.
mataron a Caparrós, Caparrós.
Y
las cadenas, cayeron nuestras cadenas
y bailaron las estrellas suspiraron los abuelos
no había ya en el mundo entero
batallón que nos pudiera.
y bailaron las estrellas suspiraron los abuelos
no había ya en el mundo entero
batallón que nos pudiera.
Y
las cadenas y el sudor de nuestra frente
to pa’ los terratenientes
pa’ que hicieran la faena.
to pa’ los terratenientes
pa’ que hicieran la faena.
Rojos
contra la pared,
Blas
Infante por los muros
no al ciento cuarenta y tres
si al ciento cincuenta y uno
como se puede olvidar
veinte años de libertad, libres,
no al ciento cuarenta y tres
si al ciento cincuenta y uno
como se puede olvidar
veinte años de libertad, libres,
libres
para siempre
que
bonita Navidad
de
aquel cuatro de diciembre


