“No puede ser que no sea noticia que
muere de frío un
anciano en la calle y que sí lo sea
una caída de dos puntos
en la bolsa”
Papa
Francisco.
Evangelii Gaudium
La realidad no es nunca
como nos la cuentan o como cada uno la vive. La percepción que
tenemos de la misma nace, principalmente, de nuestra experiencia
personal y de lo que nos transmiten los medios de comunicación.
Estos seleccionan aquello que quieren resaltar, mientras otra parte
queda oculta o en un segundo plano. Para comprobarlo solo hay que
repasar las noticias que publican los medios de comunicación y el
mensaje que con ellas nos transmiten.
Si repasamos algunas de
las noticias publicadas en las últimas semanas en los medios de
comunicación nos encontramos un contraste bastante curioso. Por un
lado han aparecido muchas noticias relacionadas con la supuesta buena
marcha de la economía y la consiguiente salida de la crisis,
mientras otras nos cuentan otra realidad, completamente distinta, y
a las que se les da mucho menos importancia. Así, numerosos han sido
los titulares y los artículos en los que se han detallado asunto
como la bajada del paro, los millones de personas que se desplazaron
durante el último puente, los niveles de ocupación de hoteles y
restaurante, el aumento del consumo con respecto a años anteriores,
el número de empleos que creará el sector del comercio durante las
próximas Navidades, etc... Todas estas noticias juntas y repetidas
hasta la saciedad en los medios de comunicación crean una sensación
de que, efectivamente, estamos saliendo de la crisis; de que lo peor
ha pasado y que, como repiten los miembros del gobierno: “la luz se
ve al final del túnel” “el crecimiento es una realidad” “los
brotes verdes” y demás metáforas. Y como no, esa afirmación
triunfal del presidente del gobierno que anuncia sin ningún reparo
que “La crisis es historia”,
en un intento de convencer a la ciudadanía que gracias a su gestión
y a sus reformas todo ha pasado, que todo ha acabado como si se
hubiese tratado de un mal sueño.
Sin embargo, frente a
estas noticias, hay otra realidad a la que se le presta menos
atención. Noticias que aunque aparecen en los medios no merecen la
misma atención que las anteriores puesto que no sirven para crear
ese relato dulzón, edulcorado con buenas noticias que sirvan para
hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos.
Así, noticias como: “28
inmigrantes desaparecidos al tratar de cruzar el Estrecho en una
patera” “La tasa de cobertura para desempleados se sitúa en el
57,31%” “Cerca de tres millones de españoles carecen de
protección social” “Según Intermón Oxfam la mitad de la renta
mundial está en manos del 1% más rico de la población” “La
OCDE señala que en nuestro país es donde crece más la desigualdad”
“Una anciana de ochenta y cinco años es desahuciada de su piso”
etc... no merecen la misma
atención en los medios de comunicación.
Estas
noticias son la cara y la cruz de una misma realidad. Una cara
luminosa, radiante de alegría en la que se nos insiste que salimos
del pozo; frente a la cruz de las personas que siguen muriendo en el
mar mientras intentan llegar a nuestras costas en busca de una
prosperidad que les hemos robado.
La
cara luminosa, radiante de esperanza de un consumo que crece con la
llegada de las Navidades mientras otros datos nos siguen diciendo que
las desigualdades se agrandan de tal forma que están produciendo un
abismo insoportable.
Una
cara luminosa y radiante, llena de expectativas de nuevos contratos,
que no son sino la manifestación clara de las consecuencias de una
reforma laboral que consagra el trabajo temporal, mal pagado y sin
protección alguna. En definitiva, es la plasmación de lo que se
viene anunciando: la creación de una nueva clase social: los
trabajadores pobres. Esta nueva clase formada por personas que, a
pesar de estar trabajando, las condiciones laborales en las que lo
hacen no le permiten vivir dignamente.
Hay, pues, que estar
alertas ante tantas falsas esperanzas y esos discursos interesados.
Porque detrás de los fastuosos alumbrados navideños y de las calles
llenas de gente, detrás de los discursos mentirosos del Presidente
del Gobierno y los medios de comunicación que, simplemente repiten
su falso mensaje, existe otra realidad que sufre en silencio las
consecuencias de esta crisis.
Esa otra realidad es la
realidad de los inmigrantes muertos (este año se calcula en toda
Europa han muerto más de 3.000 intentando alcanzar las costas
europeas), casi de forma clandestina, de esa misma forma que
intentaron llegar a España. Muertes que no han tenido la misma
repercusión que otras muertes, que no han tenido el mismo eco, que
no han ocupado las portadas de los periódicos ni han abierto los
telediarios. Muertos insignificantes frente a la representante de la
nobleza añeja, a la cabeza de familia que más títulos nobiliarios
acumula y que de mayores rentas se beneficia. Ellos han muerto en el
anonimato, sus vidas han quedado ahogadas en el mar, en el mar de
lágrimas de esas madres que han sobrevivido a sus hijos y que,
destrozadas, recuerdan los años de espera para ahorrar lo suficiente
para ofrecer a sus hijos una vida más digna. Y pocos se han
echado a la calle (solo unos doscientos valientes en Almería) frente
a los miles de personas que acudieron al entierro de la duquesa, en
un ambiente que recordaba lo más rancio de la sociedad española,
incluido ese sentimiento de vasallos que, desgraciadamente, persiste
en parte de la ciudadanía.
Hay que estar muy
alertas, porque frente a los datos del paro hay otra realidad de la
que no se habla. Porque aunque el paro haya subido, una subida de un
0,32%, se trata de una subida estacional. Y mientras, la tasa de
cobertura para desempleados se sitúa en el 657,31%, es decir, que
cerca de 3 millones de personas no reciben ningún tipo de ayudas.
Que continúa la temporalidad en la contratación, que las mujeres
siguen sufriendo la desigualdad. Según los datos del sindicato USO,
mientras 1329 hombres han encontrado un empleo, 1329 mujeres lo han
perdido. O que solo el 8% de los contratos que se han firmado son
indefinidos.
Hay que estar alertas,
porque tras la noticia de que la crisis es historia con la que Rajoy
nos quiere convencer de sus bondades la realidad que nos cuentan los
informes de la OCDE o de INTERMON OXFAM o CÁRITAS nos indican todo
lo contrario. Nos dicen que en España crece la desigualdad, que la
renta media del 10% más rico de nuestro país es 14 veces superior a
la del 10% más pobre. La OCDE señala que nuestro país es el país
donde más crece la desigualdad, que solo nos superan países como
Turquía, EEUU o México. Además, nos recuerdan que los recortes
salariales en el año 2013 han sido del 1,5%; o que el salario medio
en Alemania es el doble que en España. Por su parte INTERMON OXFAM
nos recuerda que la crisis a nivel mundial está produciendo una
desigualdad cada vez más extrema, una desigualdad que lleva
“a que la mitad de la
renta mundial esté en manos del 1% más rico de la población”
Y que la consecuencia de
todo esto es “que la masiva concentración de los recursos
económicos en manos de unos pocos supone una gran amenaza para las
democracias” Y lo más grave de todo esto es que sucede con el
beneplácito de los gobiernos y que -como insiste INTERMON- habría
que plantearse de una vez por todas:
“¿Qué ocurre cuando
un Gobierno deja de procurar el bienestar de sus ciudadanos para
servir a los intereses de una minoría acaudalada?”
La respuesta es igual de
dura:
“Hay grupos con gran
poder económico, empresas e individuos que influyen en otras
instituciones y que, en ocasiones, incluso, las capturan,
consiguiendo tratos de favor de sus élites en la definición de las
leyes y normativas. Son privilegios para unos pocos, mientras el
esfuerzo y la mayor carga fiscal recae sobre la gran mayoría.
Estos son algunos de los
muchos ejemplos de la cara y la cruz de estos tiempos. Tiempos de
contraste, de una realidad poliédrica que algunos quieren ocultar o
endulzar. La realidad de una sociedad que se mueve entre la opulencia
y el despilfarro, entre la miseria y la desigualdad. La realidad de
una sociedad entregada al consumo y la de miles de familias que viven
bajo la amenaza de la exclusión social más absoluta. La realidad de
una sociedad cada vez más individualista e insolidaria, cada vez más
impermeable al dolor y al sufrimiento ajeno, que nos conformamos con
alguna acción caritativa pero que no somos capaces de movilizarnos
para impedir que esta situación siga avanzando. Una sociedad cada
vez más insensible al dolor ajeno, preocupados por mantenernos o
sobrevivir a nuestros pequeños recortes; insensibles al dolor pero
dispuestos a emocionarnos y conmovernos ante lo más insignificante.
Es la cara y la cruz de
la realidad del mundo y de una sociedad que se despeña por el
precipicio del individualismo más absoluto y una total carencia de
valores.