“La
mujer, nacida para fabricar hijos, desvestir borrachos
o
vestir santos, ha sido tradicionalmente acusada,
como
los indios, como los negros, de estupidez congénita. Y ha sido
condenada,
como ellos, a los suburbios de la historia”
Eduardo Galeano
El
mundo patas arriba.
“Y
ellas mucho más pobres que pobres
las
más pobres entre las pobres
partidas
de un rayo
excluidas
del cielo
vencidas
de brazos
negados
a un vuelo
escondidas
de todo
asaltadas
de nada
tapadas
de ojos
pobres
y desheredadas”
Pobres
Pedro Guerra del disco Hijas de Eva
Como en cualquier otra
cuestión es necesario comenzar haciendo un poco de historia pues si
no lo hacemos corremos el riesgo de olvidar el origen y el verdadero
sentido de las cosas. En el caso del origen de la celebración el día
8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, éste tiene un
carácter reivindicativo que se encuadra en la lucha de la clase
obrera durante buena parte del siglo XIX y XX.
Hay dos fechas decisivas y que explican la elección de este día del mes de marzo. El 8 de marzo de 1857 se celebró una marcha de mujeres trabajadoras de las industrias textiles en la que reclamaban mejores salarios ya que por aquel entonces cobraban hasta un 60-70% del sueldo que recibía un hombre y condiciones laborales mucho peores. El otro momento, el 8 de marzo de 1908, mucho más dramático, pues un grupo de mujeres se encerraron en la fábrica Cotton de Nueva York para protestar y reclamar un salario igual que al de sus compañeros varones, descanso dominical, una jornada de diez horas y un descanso por lactancia. El jefe no aceptó ninguna de esas reivindicaciones e incendió la fábrica. Murieron 146 mujeres. Tomando como referencias esta fecha, desde distintos organismos internacionales se recordaron estos acontecimientos, hasta que en 1976 la ONU la instituyó como Día Internacional de la Mujer.
Hay dos fechas decisivas y que explican la elección de este día del mes de marzo. El 8 de marzo de 1857 se celebró una marcha de mujeres trabajadoras de las industrias textiles en la que reclamaban mejores salarios ya que por aquel entonces cobraban hasta un 60-70% del sueldo que recibía un hombre y condiciones laborales mucho peores. El otro momento, el 8 de marzo de 1908, mucho más dramático, pues un grupo de mujeres se encerraron en la fábrica Cotton de Nueva York para protestar y reclamar un salario igual que al de sus compañeros varones, descanso dominical, una jornada de diez horas y un descanso por lactancia. El jefe no aceptó ninguna de esas reivindicaciones e incendió la fábrica. Murieron 146 mujeres. Tomando como referencias esta fecha, desde distintos organismos internacionales se recordaron estos acontecimientos, hasta que en 1976 la ONU la instituyó como Día Internacional de la Mujer.
Con el paso del tiempo y
el empuje del movimiento feminista es posible que se haya diluido
este origen reivindicativo y de lucha obrera. Lo que está claro es
que, a pesar de haber pasado tanto tiempo, las condiciones y las
circunstancias en muchos países, incluidos algunos del denominado
Primer Mundo, no han cambiado y siguen existiendo los argumentos
suficientes como para que ese espíritu de lucha y reivindicación se
pierdan.
Diferentes realidades.
Así
pues, si tenemos en cuenta el contexto y las circunstancias de cada
lugar, el 8 de marzo tiene un sentido distinto en los países
desarrollados y en los países empobrecidos. Aunque por encima de
estas diferencias flota una situación de desigualdad cultural que
nace y se sustenta en unas leyes y en unas costumbres en las que la
desigualdad entre hombres y mujeres es enorme, en algunos casos
insoportables.
En
el mundo rico, a pesar de los indudables avances y mejoras que se han
producido, estamos pendientes de alcanzar una verdadera igualdad
entre hombres y mujeres. Es preciso acabar situaciones de machismo no
solo latentes sino algunas de ellas muy presentes entre nosotros. Entre otros podemos recordar:
- El papel de la mujer, en muchas de ellas limitado casi en exclusiva a su papel de ama de casa y cuidadora de la familia.
- La utilización de la imagen de la mujer en la publicidad como simple objeto de deseo.
- El papel que la mujer ocupa en las relaciones de pareja. Este hecho es cada vez más preocupante en el caso de muchas jóvenes, que aceptan y consideran “normal” comportamientos machistas de sus compañeros y parejas.
Estas
circunstancias tienen como consecuencia dramática la violencia
contra las mujeres. Una violencia que no solo es la violencia física,
sino que también engloba la violencia en forma de acoso. Y como no,
la violencia que sigue provocando decenas de mujeres muertas a manos
de sus parejas en nuestro país. Unos datos que lejos de ir
disminuyendo aumenta de forma alarmante.
Esta
violencia machista no es más que la constatación de unos valores
educativos y culturales en los que prima la diferencia entre hombres
y mujeres. Aún muchas chicos y chicas son educados y viven en
contextos familiares en los que las diferencias entre ambos sexos son
vistas con toda normalidad. Y ellos no hacen más que repetir estos
comportamientos que, en muchísimas ocasiones son exaltados y
amplificados por los medios de comunicación.
Pero
además de esta realidad social y cultural, se produce una diferencia
entre hombres y mujeres en contextos en los que las ley tendría que
velar por la igualdad entre los géneros. Las mujeres, aunque haya
pasado tiempo y se haya luchado tanto, siguen trabajando en
condiciones de precariedad con respecto a muchos hombres. Y esto no
ocurre en los países del Tercer Mundo, sino aquí mismo, entre
nosotros. Así lo vienen denunciando desde hace años los sindicatos
y las asociaciones de mujeres. En nuestro país, donde esperaríamos
que la ley fuese igual para todos, donde los convenios laborales
debían asegurar que no se produzcan las diferencias de sueldos y de
condiciones laborales entre hombres y mujeres, se siguen dando
situaciones de desigualdad y discriminación hacia las mujeres. Solo
hace falta leer los periódicos o mirar hacia a nuestro alrededor
para comprobar estas diferencias, para comprobar como sigue habiendo
empresas que penalizan a la mujer por el hecho de serlo, por el hecho
de ser madres, por el hecho de tener que compaginar su trabajo con su
otro trabajo en el hogar. Y por esos trabajos, incluso, muchas
cobran mucho menos, están en riesgo permanente de ser despedidas.
Concretamente, UGT denunció que:
- El año pasado la brecha salarial entre hombres y mujeres en el sector privado es de casi el 29%, es decir, que un hombre puede llegar a ganar 1/3 más que una mujer desempeñando el mismo trabajo.
- Un 159% más de mujeres que de hombres cobran el salario mínimo interprofesional que rondaba los 645 euros.
- El trabajo precario de nuestro país, más del 80% lo desempeñan las mujeres.
- La brecha salarial se acentúa en el caso de los sectores que exigen menos cualificación profesional que están mucho más feminizados, alcanzando un 80% de mujeres en los mismos y cobrando un 31% menos de salario que los hombres.
- La formación no asegura la igualdad ya que un varón sin estudios puede cobrar una media de 18.100 euros anuales mientras que una mujer necesita un título de FP o incluso un grado universitario para alcanzar esta misma cantidad.
Por
tanto, datos como los anteriores, demuestran que sigue existiendo
desigualdad en el mundo laboral y que con motivo de la crisis se ha
agravado. La reforma laboral y la del sistema de la Seguridad Social
están suponiendo una importante pérdida de derechos y protecciones
en los eslabones más débiles de los trabajadores y trabajadoras.
Pero como decíamos al principio, con ser grave esta situación de discriminación y diferencias entre hombres y mujeres donde, realmente, se hacen insoportables es en los países empobrecidos. En ellos, más que insoportable es dramática. En estos casos las condiciones de vida son insoportables para todos, pero para las mujeres se agravan hasta tal punto de convertirlas, junto con los niños, en los más vulnerables de los vulnerables. A ello, hay que unir elementos culturales y religiosos que las apartan de la educación y las convierten en seres inferiores. Sirvan de ejemplo la situación de las mujeres obligadas a ocultarse bajo el burka y marginadas socialmente en muchos países árabes, las mujeres, en muchos casos niñas, obligadas a la prostitución en países como la India y la correspondiente hipocresía de los turistas sexuales que desde los países ricos acuden a estos lugares; las niñas mutiladas por una sádica costumbre como es la ablación del clítoris, etc... En todos estos casos, la cultura machista ve a la mujer siempre como transmisora del pecado a la cual hay que ocultar y condenar. Son, como dicen las leyendas y mitos centroamericanos luces malas que por las noches acechan a los caminantes.
Y
los números no hacen más que avalar estas situaciones de injusticia
hacia las mujeres. Porque mujeres son la mitad de los 1.300 millones
de personas que sufren de pobreza extrema; porque mujeres son los 2/3
de analfabetos del planeta; porque mujeres son los dos millones de
personas que sufren abuso sexual y comercio humano, mujeres son....
De
todos estos datos podemos sacar algunas conclusiones:
Que
vivimos en un mundo totalmente injusto, regido por un sistema
sustentado en desigualdades extremas que se ceban especialmente con
las mujeres. Las causas de este orden perverso y criminal no es
consecuencia de una plaga o de una catástrofe natural sino que tiene
nombres y apellidos: la avaricia de un sistema que se basa en la
acumulación de riqueza y de poder en pocas manos y que condena a la
pobreza a la mayoría.
Que
los gobiernos del mundo no hacen nada por cambiar este sistema y han
dejado en manos del capital el futuro de la Humanidad sin que, a
corto o medio plazo, haya visos de cambiar esta realidad. Esta
situación se ha producido gracias a un proceso de desmovilización
de la sociedad, especialmente en los países ricos, que ha permitido
que el poder se ceda a los dueños del capital, que se elimine
cualquier control sobre sus actos.
Que
la mujer sufre de manera directa y más grave todas estas situaciones
de injusticia y desigualdad porque vivimos en un mundo inmerso en un
sistema de valores en los que prevalecen la idea de su inferioridad.
Una mentalidad machista que ni siquiera ha sido superada en los
países ricos.
Que
aunque parezca que hemos avanzado mucho no podemos bajar la guardia.
Es alarmante como, entre los jóvenes, no sólo no desaparece el
machismo sino que se acentúe en determinados aspectos. En este
sentido, sigue siendo la educación, tanto en la familia como en la
escuela, el único antídoto contra esta lacra.
Que
la única salida sigue siendo la movilización y la lucha. El ejemplo
de aquellas mujeres asesinadas en la fábrica porque pedían mejores
salariales y condiciones de trabajo más dignas deja claro que es la
única forma de arrancar derechos y mejoras.


