jueves, 6 de noviembre de 2014

Luis Cernuda. Un poeta terriblemente humano


De todos los géneros literarios, la poesía es, sin duda, el que necesita para su lectura y disfrute, de una mayor atención, conocimientos previos e intuición. Además, si a la poesía a la que nos acercamos es la de Luis Cernuda, todo esto se complica. Sin embargo; podremos entender mucho mejor la poesía de este miembro fundamental de la Generación del 27, si partimos de una idea: su obra nace y expresa en todo momento la vida de un hombre que sufre las limitaciones que experimenta entre sus sueños y la realidad en la que vive.

La poesía, como no podía ser de otra manera, fue el modo de expresar esa lucha constante entre la realidad y el deseo. Esas fueron las dos palabras que utilizó para designar al conjunto de su obra. Una obra que supone un ejercicio constante de búsqueda de la esencia del hombre: encontrar la felicidad a través de la realización personal. Esa lucha constante y trágica se inició en su infancia y se prolongó toda su vida.

Una vida marcada por la incomprensión

Luis Cernuda nació en Sevilla en 1902 en el seno de una familia burguesa y tradicional. Este ambiente familiar influyó decisivamente en la vida y en personalidad de Cernuda, convirtiéndose, a poco, en un espacio que terminó por ser insoportable. Muchos años después en uno de sus poemas titulados La familia, Cernuda hace un ajuste de cuentas descarnado con su familia y con todo lo que significó en su vida.

Ellos te dieron todo: cuando animal inerme
te atendieron con leche y con abrigo;
después, cuando creció tu cuerpo a par del alma,
con dios y con moral te proveyeron,
recibiendo deleite tras de azuzarte a veces
para tu fuerza tierna doblegar a su leyes.
Te dieron todo, sí; vida que no pedías,
y con ella la muerte de dura compañera.

Así, en ese entorno se va forjando una persona tímida y de una sensibilidad a flor de piel, que le trajo como consecuencia el hecho de que a lo largo de su vida tuviese graves problemas para relacionarse con los demás. Según el testimonio de algunos de sus compañeros de generación y de amigos personales, era una persona de difícil trato y con serias dificultades para las relaciones sociales.

En su proceso de formación como poeta fue fundamental el encuentro con Pedro Salinas que le orientó en la lectura no sólo de los clásicos españoles sino también de los poetas franceses del siglo XIX, en especial Mallarmé, Baudelaire y, sobre todo, Gide. En 1926 publica su primer libro Perfil del aire. Participa en el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla que fue el origen de la que se conoce como Generación del 27. Después de una relación difícil con Sevilla, en 1928 la abandona definitivamente con ese rencor que luego recogería en algún que otro poema:

No me queréis, lo sé, y que os molesta
cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.

A sus paisanos
Desolación de la Quimera (1956-1962)

Tras permanecer un tiempo en Toulouse como profesor de español, llega a Madrid donde participa activamente en la vida política, social y literaria. En el año 1933 simpatiza con el Partido Comunista, colabora en la revista Octubre y en las Misiones Pedagógicas. En 1936 publica su obra completa bajo el título La realidad y el deseo. A partir de este momento, su obra se irá formando a partir de la acumulación de nuevos epígrafes a ésta. Es, en esencia, el mismo afán de otro poeta, Juan Ramón Jiménez, de construir una Obra con un sentido y un valor único. Durante la guerra participa y defiende al bando republicano y en 1938 salió de España camino del exilio en Inglaterra. Más tarde vivirá en Francia, Estados Unidos y, finalmente, México donde murió en 1963.

Breves apuntes sobre su obra.

Intentar esbozar en pocas líneas los rasgos esenciales de la obra de Cernuda es casi imposible. Se trata de una obra amplia y profunda. Su obra, como la de todos los poetas del 27 se inicia con el objetivo de renovar la poesía española de aquel momento teniendo como patrón la revolución estética que suponían los diferentes movimientos de vanguardias que se sucedían. A la vez, cada poeta va procurándose una voz personal. En este contexto hay que leer las obras de su primera etapa, desde Perfil del aire hasta Donde habite el olvido. Junto a estas, hay que destacar, como no, Los placeres prohibidos. En estos libros el tema central es el amor, cargado de un fuerte erotismo.

Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre los cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra.

Los fantasmas del deseo

Y toda una serie de imágenes y referencias a la homosexualidad y al rechazo que esta provoca en una sociedad incapaz en aquella época de admitirla.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega
Los placeres prohibidos.

La guerra civil supone un hito en la obra de Cernuda. Marcaŕa un cambio de rumbo que le lleva a una poesía en la que el componente humano se hace todavía más radical. Por un lado ya no es sólo el problema personal sino los problemas sociales relacionados con la guerra.

Un continente de mercaderes y de histriones,
al acecho de este loco país, esa esperando
que vencido se hunda, solo ante su destino,
para arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le aliente únicamente su propia gran historia
dolorida.
Lamento y esperanza

Cuánta sangre ha corrido
ante el destino intacto de la diosa.
Cuánto semen viril
vio surgir entre espasmos
de cuerpos hoy deshechos
en el viento y el polvo,
cuyos átomos yerran en leves nubes grises,
velando al embeleso de vasta descendencia
su tranquilo semblante compasivo.
Noche de luna
Las nubes.


Por otro lado, inicia una etapa en la que su poesía es influenciada de poetas anglosajones, desde Shakesperare, pasando por Keats, Eliot, etc. Es una poesía cada vez meditativa y reflexiva. Esta nueva voz poética se intensifica con el exilio.

¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
sino seguir adelante.


En esta época publica Como quien espera el alba, Vivir sin estar viviendo son dos obras en las que muestra su preocupación y angustia por la Guerra Mundial. Estos versos, por ejemplo, son una evocación a la ciudad de Londres, destruida por los bombardeos durante la guerra.

Como desierto, adonde muchedumbres
marchan dejando atrás la ruta decisiva,
estéril era esta ciudad. Aquella
que sin saber quiso mover montañas;
toda ella monstruosa masa insuficiente;
su alimento los frutos de colonias distantes,
su prisa lucha inútil con espacio y con tiempo,
su estruendo limbo ensordecedor de la conciencia.

O el problema de la existencia, el paso del tiempo y el deseo de detenerlo.

Al despertar de un sueño, buscas
tu juventud, como si fuese el cuerpo
del camarada que durmiese
a tu lado y que al alba no encuentras.

Ausencia conocida, nueva siempre,
con la cual no te hallas. Y aunque acaso
hoy tú seas más de lo que era
el mozo ido todavía

sin voz le llamas, cuántas veces;
olvidado que de su mocedad se alimentaba
aquella pena aguda, la conciencia
de tu vivir de ayer. Ahora,

ida también, es sólo
un vago malestar, una inconsciencia
acallando el pasado, dejando indiferente
al otro que tú eres, sin pena, sin alivio.

La sombra


La última etapa de su vida, cercana la vejez, convierte a su poesía en aún más desgarradora, más ácida y angustiada. Es la obra de un hombre hastiado del mundo y de sí mismo, que utiliza la poesía para ajustar cuentas con su tiempo y con la sociedad en la que ha vivido.

Soy español sin ganas
que vive como puede bien lejos de su tierra
sin pesar ni nostalgia. He aprendido
el oficio de hombre duramente,
por eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero
no volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó
de ser la mía.
Cuyas maneras rara vez me fueron propias,
cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto
y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron.

Es lástima que fuera mi tierra.
Desolación de la Quimera.

En definitiva, la obra de Cernuda es el fruto un enfrentamiento constante del poeta con la realidad en la que vive; la lucha de un

ser rechazado e incomprendido por una sociedad que no comparte sus criterios y sus opciones vitales. Es el resultado de un anhelo amoroso que constantemente se le escapa. Como dijo Octavio Paz, la obra de Cernuda es el resultado de “una experiencia espiritual externamente estética, pero internamente ética” Este hecho lo convierte en un ejemplo de poesía ética, que va al encuentro no sólo de su propia esencia sino que busca aportar claridad a los lectores. Es, sin duda, una poesía terriblemente humana.