De todos los géneros
literarios, la poesía es, sin duda, el que necesita para su lectura
y disfrute, de una mayor atención, conocimientos previos e
intuición. Además, si a la poesía a la que nos acercamos es la de
Luis Cernuda, todo esto se complica. Sin embargo; podremos entender
mucho mejor la poesía de este miembro fundamental de la Generación
del 27, si partimos de una idea: su obra nace y expresa en todo
momento la vida de un hombre que sufre las limitaciones que
experimenta entre sus sueños y la realidad en la que vive.
La poesía, como no podía
ser de otra manera, fue el modo de expresar esa lucha constante entre
la realidad y el deseo. Esas fueron las dos palabras que utilizó
para designar al conjunto de su obra. Una obra que supone un
ejercicio constante de búsqueda de la esencia del hombre: encontrar
la felicidad a través de la realización personal. Esa lucha
constante y trágica se inició en su infancia y se prolongó toda su
vida.
Una vida marcada por la
incomprensión
Luis Cernuda nació en
Sevilla en 1902 en el seno de una familia burguesa y tradicional.
Este ambiente familiar influyó decisivamente en la vida y en
personalidad de Cernuda, convirtiéndose, a poco, en un espacio que
terminó por ser insoportable. Muchos años después en uno de sus
poemas titulados La familia, Cernuda hace un ajuste de
cuentas descarnado con su familia y con todo lo que significó en
su vida.
Ellos te dieron todo: cuando animal
inerme
te atendieron con leche y con
abrigo;
después, cuando creció tu cuerpo a
par del alma,
con dios y con moral te proveyeron,
recibiendo deleite tras de azuzarte
a veces
para tu fuerza tierna doblegar a su
leyes.
Te dieron todo, sí; vida que no
pedías,
y con ella la muerte de dura
compañera.
Así,
en ese entorno se va forjando una persona tímida y de una
sensibilidad a flor de piel, que le trajo como consecuencia el hecho
de que a lo largo de su vida tuviese graves problemas para
relacionarse con los demás. Según el testimonio de algunos de sus
compañeros de generación y de amigos personales, era una persona de
difícil trato y con serias dificultades para las relaciones
sociales.
En
su proceso de formación como poeta fue fundamental el encuentro con
Pedro Salinas que le orientó en la lectura no sólo de los clásicos
españoles sino también de los poetas franceses del siglo XIX, en
especial Mallarmé, Baudelaire y, sobre todo, Gide. En 1926 publica
su primer libro Perfil del aire. Participa
en el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla que fue el origen
de la que se conoce como Generación del 27. Después de una relación
difícil con Sevilla, en 1928 la abandona definitivamente con ese
rencor que luego recogería en algún que otro poema:
No me queréis, lo sé, y que os
molesta
cuanto escribo. ¿Os molesta? Os
ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de
vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
lo que ahí, allegados a mí, atrás
os vuelve.
A sus paisanos
Desolación de la Quimera
(1956-1962)
Tras
permanecer un tiempo en Toulouse como profesor de español, llega a
Madrid donde participa activamente en la vida política, social y
literaria. En el año 1933 simpatiza con el Partido Comunista,
colabora en la revista Octubre y
en las Misiones Pedagógicas. En 1936 publica su obra completa bajo
el título La realidad y el deseo. A
partir de este momento, su obra se irá formando a partir de la
acumulación de nuevos epígrafes a ésta. Es, en esencia, el mismo
afán de otro poeta, Juan Ramón Jiménez, de construir una Obra con
un sentido y un valor único. Durante la guerra participa y defiende
al bando republicano y en 1938 salió de España camino del exilio en
Inglaterra. Más tarde vivirá en Francia, Estados Unidos y,
finalmente, México donde murió en 1963.
Breves apuntes
sobre su obra.
Intentar
esbozar en pocas líneas los rasgos esenciales de la obra de Cernuda
es casi imposible. Se trata de una obra amplia y profunda. Su obra,
como la de todos los poetas del 27 se inicia con el objetivo de
renovar la poesía española de aquel momento teniendo como patrón
la revolución estética que suponían los diferentes movimientos de
vanguardias que se sucedían. A la vez, cada poeta va procurándose
una voz personal. En este contexto hay que leer las obras de su
primera etapa, desde Perfil
del aire hasta
Donde habite el
olvido. Junto
a estas, hay que destacar, como no, Los
placeres prohibidos. En
estos libros el tema central es el amor, cargado de un fuerte
erotismo.
Nimbos de
juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o
lánguidos como una primavera,
sobre los
cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he
amado inútilmente,
no es en
vosotros donde la vida está, sino en la tierra.
Los fantasmas del deseo
Y toda una serie de imágenes y referencias a la homosexualidad y al
rechazo que esta provoca en una sociedad incapaz en aquella época de
admitirla.
Yo, que no soy
piedra, sino camino
que cruzan al
pasar los pies desnudos,
muero de amor
por todos ellos;
les doy mi
cuerpo para que lo pisen,
aunque les
lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno
comprenda
que ambiciones
o nubes
no valen un
amor que se entrega
Los placeres prohibidos.
La guerra civil supone un hito en la obra de Cernuda. Marcaŕa un
cambio de rumbo que le lleva a una poesía en la que el componente
humano se hace todavía más radical. Por un lado ya no es sólo el
problema personal sino los problemas sociales relacionados con la
guerra.
Un continente
de mercaderes y de histriones,
al acecho de
este loco país, esa esperando
que vencido se
hunda, solo ante su destino,
para arrancar
jirones de su esplendor antiguo.
Le aliente
únicamente su propia gran historia
dolorida.
Lamento y
esperanza
Cuánta sangre
ha corrido
ante el destino
intacto de la diosa.
Cuánto semen
viril
vio surgir
entre espasmos
de cuerpos hoy
deshechos
en el viento y
el polvo,
cuyos átomos
yerran en leves nubes grises,
velando al
embeleso de vasta descendencia
su tranquilo
semblante compasivo.
Noche de luna
Las
nubes.
Por otro lado, inicia una etapa en la que su poesía es influenciada
de poetas anglosajones, desde Shakesperare, pasando por Keats, Eliot,
etc. Es una poesía cada vez meditativa y reflexiva. Esta nueva voz
poética se intensifica con el exilio.
¿Volver?
Vuelva el que tenga,
tras largos
años, tras un largo viaje,
cansancio del
camino y la codicia
de su tierra,
su casa, sus amigos,
del amor que al
regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú?
¿Volver? Regresar no piensas,
sino seguir
adelante.
En
esta época publica Como
quien espera el alba, Vivir sin estar viviendo son
dos obras en las que muestra su preocupación y angustia por la
Guerra Mundial. Estos versos, por ejemplo, son una evocación a la
ciudad de Londres, destruida por los bombardeos durante la guerra.
Como
desierto, adonde muchedumbres
marchan
dejando atrás la ruta decisiva,
estéril
era esta ciudad. Aquella
que
sin saber quiso mover montañas;
toda
ella monstruosa masa insuficiente;
su
alimento los frutos de colonias distantes,
su
prisa lucha inútil con espacio y con tiempo,
su
estruendo limbo ensordecedor de la conciencia.
O
el problema de la existencia, el paso del tiempo y el deseo de
detenerlo.
Al
despertar de un sueño, buscas
tu
juventud, como si fuese el cuerpo
del
camarada que durmiese
a
tu lado y que al alba no encuentras.
Ausencia
conocida, nueva siempre,
con
la cual no te hallas. Y aunque acaso
hoy
tú seas más de lo que era
el
mozo ido
todavía
sin
voz le llamas, cuántas veces;
olvidado
que de su mocedad se alimentaba
aquella
pena aguda, la conciencia
de
tu vivir de ayer. Ahora,
ida
también, es sólo
un
vago malestar, una inconsciencia
acallando
el pasado, dejando indiferente
al
otro que tú eres, sin pena, sin alivio.
La
sombra
La
última etapa de su vida, cercana la vejez, convierte a su poesía en
aún más desgarradora, más ácida y angustiada. Es la obra de un
hombre hastiado del mundo y de sí mismo, que utiliza la poesía para
ajustar cuentas con su tiempo y con la sociedad en la que ha vivido.
Soy
español sin ganas
que
vive como puede bien lejos de su tierra
sin
pesar ni nostalgia. He aprendido
el
oficio de hombre duramente,
por
eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero
no
volver a una tierra cuya fe, si una tiene, dejó
de
ser la mía.
Cuyas
maneras rara vez me fueron propias,
cuyo
recuerdo tan hostil se me ha vuelto
y
de la cual ausencia y tiempo me extrañaron.
Es
lástima que fuera mi tierra.
Desolación
de la Quimera.
En
definitiva, la obra de Cernuda es el fruto un enfrentamiento
constante del poeta con la realidad en la que vive; la
lucha de un
ser rechazado e incomprendido por una sociedad que no
comparte sus criterios y sus opciones vitales.
Es el resultado de un anhelo amoroso que constantemente se le escapa.
Como dijo Octavio Paz, la obra de Cernuda es el resultado de “una
experiencia espiritual externamente estética, pero internamente
ética” Este hecho lo convierte en un ejemplo de poesía ética,
que va al encuentro no sólo de su propia esencia sino que busca
aportar claridad a los lectores. Es, sin duda, una
poesía terriblemente humana.