jueves, 13 de noviembre de 2014

Orgulloso de unas siglas, de una historia y de muchos años de lucha


Confío en las nuevas generaciones, en cuyos surcos hemos 
sembrado nuestra historia. Ellas proseguirán 
nuestra lucha por un mundo más justo, 
un mundo sin hambres,
 sin guerras, sin desigualdades sociales 
y donde el sol salga y caliente para todos”

MARCOS ANA
Decidme cómo es un árbol.

Ahora que vivimos tiempos convulsos en los que los cambios se producen de forma acelerada, tiempos en los que la fidelidad a unas ideas dura el tiempo en que estas nos dan la razón y defienden nuestros intereses personales; es más necesario que nunca reafirmar algunas certezas de las que uno se siente orgulloso y a las que no piensa renegar por más que la moda o el oportunismo inviten a muchos a hacer todo lo contrario.

Y de una de las cosas de las que me siento orgulloso es de unas siglas (las de Izquierda Unida) y de lo que ellas significan. Orgulloso de unas siglas que siempre se han movido en la dificultad que entraña estar en minoría, que no han supuesto, ni en mi caso y ni en el de tantos otros, ningún trampolín desde donde alcanzar puestos de relevancia o de poder. Unas siglas a las que llegué por la invitación de los que ahora son mis compañeros y a los que respeto por su años de lucha y de compromiso. Hombres y mujeres con los que he aprendido mucho, he vivido momentos importantes, quizá cruciales y además muy tristes, de la historia de nuestro pueblo y con los que he intentado transformarlo. 
Siglas de las que ni me avergüenzo y de las que no me oculto; en las que como en cualquier movimiento político hay luces y sombras, pero que siempre estuvieron en la defensa de unas ideas transformadoras y de izquierdas. Porque aunque los que militamos en IU sabemos que nuestra organización es más que el PCE, tampoco me avergüenzo de este partido. Porque,  aunque no milite en él pues, como decía Antonio Machado “tal vez sea demasiado romántico y de una educación demasiado idealista";  los respeto profundamente. Respeto una historia de lucha -en demasiadas ocasiones en solitario- contra la dictadura, primero; y luego contra la desilusión que supuso el rumbo que tomó esta democracia nuestra.

Porque antes que muchos descubrieran las flaquezas del sistema bipartidista lo descubrimos y lo sufrimos nosotros; porque cuando el viento soplaba a favor y todo iba bien, los hombres y mujeres de IU estaban en la calle luchando contra tantos atropellos. Porque antes de esta reforma laboral hubo otras muchas y la respuesta estuvo en la calle, en forma de huelgas generales y movilizaciones; porque antes que esta ley educativa regresiva y profundamente conservadora hubo otras y contra ella estuvo el movimiento estudiantil y con ellos IU, desde la calle y desde el Parlamento; porque antes de estos recortes de derechos hubo otros que abrieron el camino; porque hace muchos años que a esta comarca le falta un hospital público; porque desde hace años el patrimonio natural de nuestro pueblo está en peligro; etc. En definitiva, porque hasta hace muy poco tiempo no había tanta gente luchando y tanta gente indignada y entre los que había siempre estaban los militantes y simpatizantes de IU. Y estaban sin que hiciera falta la novedad de una marca o los datos de las encuestas.

Y me siento, también, orgulloso de una historia marcada por el compromiso, la entrega y la generosidad de muchos. Por la vida de los hombres y mujeres que soñaron y sueñan con un mundo más justo. Hombres y mujeres que tuvieron la grandeza y la honestidad de poner, muchas veces, por encima de sus ideales y de sus símbolos la paz y la democracia. Porque hay que recordar que en plena dictadura franquista fueron ellos, los que perdieron la guerra y sufrieron la muerte, la cárcel o el exilio, los primeros que hablaron de reconciliación nacional. Porque fueron estos hombres y mujeres los que después de cuarenta años de dictadura tuvieron la grandeza de impulsar y apoyar una democracia y una constitución que no era la que habían soñado. Pero tuvieron la altura de miras suficiente para comprender que en aquel momento histórico lo prioritario era la democracia y construir una sociedad reconciliada.

De estos hombres y mujeres, junto a otros muchos, surgen las siglas de IU. A ellas se han unido todos lo que han querido pertenecer a este proyecto transformador. De ellas se han marchado muchos: unos desilusionados y cabreados -no sin razón, seguramente- Pero también se han marchado muchos otros, arribistas y oportunistas que abandonaron el proyecto cuando comprendieron que no les servía para alcanzar los puestos deseados. Ese es el orgullo que siento cuando los contemplo y cuando comparto sus experiencias. Viejos militantes curtidos en huelgas, en luchas en los trabajos, en la escuela, en los sindicatos... Hombres y mujeres que entregaron lo mejor de cada uno en defensa de sus ideas. Este es el nuestro valor y nuestro patrimonio.

Y a este patrimonio, aunque algunos crean inútil, muchos no vamos a renunciar fácilmente. Pero a la vez, estamos dispuestos, porque lo hemos demostrado en suficientes ocasiones, a poner por encima de nuestras siglas o de nuestra marca lo verdaderamente importante. Y no nos cuesta ni costará trabajo renunciar ni a unas siglas ni a un nombre en una lista. Pero esto no significa que, de buenas a primeras y porque lo diga cualquiera, nos disolvamos y renunciemos a nuestro proyecto. No renunciaremos a él, porque no nos mantenemos en una ambigüedad calculada y electoralista sino que que sabemos que hay izquierda y derecha porque hay una minoría privilegiada a costa de una mayoría que sufre; porque sabemos que ese mensaje de alcanzar el centro es el mismo que nos ha traído a esta situación. No renunciaré a esta historia y a este proyecto. Quizás por eso no consigamos el favor de una mayoría, ni nos den horas y horas en las televisiones; porque nos mantenemos fieles a un ideal y no albur de los vientos que en cada momento soplan; porque no tenemos el interés de cambiar nuestras vidas sino las de todos.