Confío en las
nuevas generaciones, en cuyos surcos hemos
sembrado nuestra historia.
Ellas proseguirán
nuestra lucha por un mundo más justo,
un mundo sin hambres,
sin guerras, sin desigualdades sociales
un mundo sin hambres,
sin guerras, sin desigualdades sociales
y donde el sol
salga y caliente para todos”
MARCOS
ANA
Decidme
cómo es un árbol.
Ahora
que vivimos tiempos convulsos en los que los cambios se producen de
forma acelerada, tiempos en los que la fidelidad a unas ideas dura el
tiempo en que estas nos dan la razón y defienden nuestros intereses
personales; es más necesario que nunca reafirmar algunas certezas de
las que uno se siente orgulloso y a las que no piensa renegar por más
que la moda o el oportunismo inviten a muchos a hacer todo lo
contrario.
Y de
una de las cosas de las que me siento orgulloso es de unas siglas (las de Izquierda Unida) y
de lo que ellas significan. Orgulloso de unas siglas que siempre se
han movido en la dificultad que entraña estar en minoría, que no
han supuesto, ni en mi caso y ni en el de tantos otros, ningún
trampolín desde donde alcanzar puestos de relevancia o de poder.
Unas siglas a las que llegué por la invitación de los que ahora son
mis compañeros y a los que respeto por su años de lucha y de
compromiso. Hombres y mujeres con los que he aprendido mucho, he
vivido momentos importantes, quizá cruciales y además muy tristes,
de la historia de nuestro pueblo y con los que he intentado
transformarlo.
Siglas
de las que ni me avergüenzo y de las que no me oculto; en las que
como en cualquier movimiento político hay luces y sombras, pero que
siempre estuvieron en la defensa de unas ideas transformadoras y de
izquierdas. Porque aunque los que militamos en IU sabemos que nuestra
organización es más que el PCE, tampoco me avergüenzo de este partido. Porque,
aunque no milite en él pues, como decía Antonio Machado “tal vez
sea demasiado romántico y de una educación demasiado idealista";
los respeto profundamente. Respeto una historia de lucha -en
demasiadas ocasiones en solitario- contra la dictadura, primero; y
luego contra la desilusión que supuso el rumbo que tomó esta
democracia nuestra.
Porque
antes que muchos descubrieran las flaquezas del sistema bipartidista
lo descubrimos y lo sufrimos nosotros; porque cuando el viento
soplaba a favor y todo iba bien, los hombres y mujeres de IU estaban
en la calle luchando contra tantos atropellos. Porque antes de esta
reforma laboral hubo otras muchas y la respuesta estuvo en la calle,
en forma de huelgas generales y movilizaciones; porque antes que esta
ley educativa regresiva y profundamente conservadora hubo otras y
contra ella estuvo el movimiento estudiantil y con ellos IU, desde la
calle y desde el Parlamento; porque antes de estos recortes de
derechos hubo otros que abrieron el camino; porque hace muchos años
que a esta comarca le falta un hospital público; porque desde hace
años el patrimonio natural de nuestro pueblo está en peligro; etc.
En definitiva, porque hasta hace muy poco tiempo no había tanta
gente luchando y tanta gente indignada y entre los que había siempre
estaban los militantes y simpatizantes de IU. Y estaban sin que
hiciera falta la novedad de una marca o los datos de las encuestas.
Y me
siento, también, orgulloso de una historia marcada por el
compromiso, la entrega y la generosidad de muchos. Por la vida de los
hombres y mujeres que soñaron y sueñan con un mundo más justo.
Hombres y mujeres que tuvieron la grandeza y la honestidad de poner,
muchas veces, por encima de sus ideales y de sus símbolos la paz y
la democracia. Porque hay que recordar que en plena dictadura
franquista fueron ellos, los que perdieron la guerra y sufrieron la
muerte, la cárcel o el exilio, los primeros que hablaron de
reconciliación nacional. Porque fueron estos hombres y mujeres los
que después de cuarenta años de dictadura tuvieron la grandeza de
impulsar y apoyar una democracia y una constitución que no era la
que habían soñado. Pero tuvieron la altura de miras suficiente para
comprender que en aquel momento histórico lo prioritario era la
democracia y construir una sociedad reconciliada.
De
estos hombres y mujeres, junto a otros muchos, surgen las siglas de
IU. A ellas se han unido todos lo que han querido pertenecer a este
proyecto transformador. De ellas se han marchado muchos: unos
desilusionados y cabreados -no sin razón, seguramente- Pero también
se han marchado muchos otros, arribistas y oportunistas que
abandonaron el proyecto cuando comprendieron que no les servía para
alcanzar los puestos deseados. Ese es el orgullo que siento cuando
los contemplo y cuando comparto sus experiencias. Viejos militantes
curtidos en huelgas, en luchas en los trabajos, en la escuela, en los
sindicatos... Hombres y mujeres que entregaron lo mejor de cada uno
en defensa de sus ideas. Este es el nuestro valor y nuestro
patrimonio.
Y a
este patrimonio, aunque algunos crean inútil, muchos no vamos a
renunciar fácilmente. Pero a la vez, estamos dispuestos, porque lo
hemos demostrado en suficientes ocasiones, a poner por encima de
nuestras siglas o de nuestra marca lo verdaderamente importante. Y no
nos cuesta ni costará trabajo renunciar ni a unas siglas ni a un
nombre en una lista. Pero esto no significa que, de buenas a primeras
y porque lo diga cualquiera, nos disolvamos y renunciemos a nuestro
proyecto. No renunciaremos a él, porque no nos mantenemos en una
ambigüedad calculada y electoralista sino que que sabemos que hay
izquierda y derecha porque hay una minoría privilegiada a costa de
una mayoría que sufre; porque sabemos que ese mensaje de alcanzar el
centro es el mismo que nos ha traído a esta situación. No
renunciaré a esta historia y a este proyecto. Quizás por eso no
consigamos el favor de una mayoría, ni nos den horas y horas en las
televisiones; porque nos mantenemos fieles a un ideal y no albur de
los vientos que en cada momento soplan; porque no tenemos el interés
de cambiar nuestras vidas sino las de todos.